Fernanda Medina
En medio del debate sobre la eutanasia, la Iglesia Católica, a través de la publicación Desde la Fe, llamó a poner atención en una figura que, considera, suele quedar fuera de la discusión: los cuidadores de personas enfermas.
La publicación señala que, ante enfermedades terminales, incurables o muy dolorosas, el sufrimiento puede llevar a una persona a considerar la muerte como una forma de liberación.
Sin embargo, advierte que existen otros factores que pueden agravar la situación.
“El sufrimiento espiritual, psicológico y moral, la soledad y las presiones familiares, pueden ser elementos aún más difíciles que el propio sufrimiento físico”, señala Desde la Fe.
En este escenario, la Iglesia Católica destaca la importancia de acompañar no sólo al enfermo, sino también a quien tiene bajo su responsabilidad su cuidado cotidiano.
Explica que cuando las tareas se distribuyen entre varios integrantes de una familia, las responsabilidades pueden sobrellevarse con mayor facilidad.
En cambio, cuando una sola persona asume el cuidado, aumentan las dificultades.
“Cuando el cuidado del enfermo recae en una sola persona, las cosas se complican”, advierte.
El cuidador debe enfrentar el cansancio, el estrés emocional provocado por el deterioro de un ser querido y, en ocasiones, dejar de lado otras responsabilidades para dedicar tiempo al enfermo. La situación puede llegar incluso a afectar su propia salud.
“A veces implica que el propio cuidador enferme”, señala la publicación.
Desde la perspectiva de la Iglesia Católica, cuidar a una persona enferma no representa únicamente una responsabilidad familiar, sino también una expresión de las obras de misericordia.
Desde la Fe recuerda las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aún a los más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).
Por ello, la publicación hace un llamado a la sociedad a no dejar solos a quienes desempeñan esta labor.
“Quien cuida a una persona enferma, también necesita ayuda, también sufre; no los dejemos solos”, afirma.
La Iglesia Católica propone que familiares y amigos se organicen para turnarse en las tareas de cuidado, de manera que la responsabilidad no recaiga exclusivamente sobre una persona.
También plantea la necesidad de que los sistemas de salud reconozcan las condiciones en las que viven los cuidadores durante las hospitalizaciones.
“Ojalá algún día, en nuestros sistemas de salud también se visibilice a los cuidadores”, señala la publicación, al referirse a quienes deben pasar largas horas en los hospitales, en ocasiones durmiendo en sillas o permaneciendo en el exterior bajo el sol o la lluvia.
Para la Iglesia Católica, mejorar las condiciones de quienes acompañan a los pacientes también forma parte de una atención integral ante la enfermedad.
Asimismo, Desde la Fe menciona la existencia de apostolados de la Iglesia dedicados a acompañar a enfermos y cuidadores, entre ellos CARDI A.C., ubicado cerca del Centro Médico Nacional, y la Pastoral de la Salud, que brinda apoyo a enfermos y sus familias en diversos hospitales públicos de la Ciudad de México.
Finalmente, la publicación llama a fortalecer el acompañamiento a las familias para evitar que la desesperanza se apodere de quienes enfrentan una enfermedad grave.
“Como sociedad les acompañemos siempre”, concluye.

