Alberto Abrego
“Toda persona que mate o capture y entregue a un efectivo militar invasor estadounidense recibirá una recompensa de 30,000 dólares. Las mujeres iraníes que lleven a cabo dicha acción recibirán el doble”.
Amir Hatami, comandante en jefe del Ejército de la República Islámica de Irán.
Estados Unidos es el país de las guerras interminables. Y para algunos países de Oriente Medio la guerra es su estatus favorito.
En un nuevo capítulo del conflicto que inició en la década de los 80’s, las autoridades iraníes anunciaron una recompensa por cada militar estadounidense que sea abatido o capturado.
El origen del conflicto es el estrecho de Ormuz, un canal marítimo muy angosto situado entre Irán y Omán, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar abierto, y es la vía marítima más importante del mundo para el paso del petróleo. La crisis se agudizó en febrero de este año con los bombardeos aéreos de los norteamericanos. Actualmente el canal se encuentra bloqueado por Irán, que exige el fin de las presiones y sanciones estadounidenses para reabrir la ruta, mientras que Donald Trump acaba de declarar el estrecho de Ormuz como nuevo territorio estadounidense.
Y ahora lo inimaginable: Se anuncia una recompensa de 30 000 dólares por cada soldado muerto, y 60 000 si la “hazaña” la firma una mujer.
Es difícil determinar si se trata de una estrategia militar desesperada o es solo una medida de mercadotecnia. El caso es que al parecer se quedaron sin ideas diplomáticas. Lo que pretenden es una cacería al viejo estilo de Hollywood en la época del salvaje oeste y los cazarrecompensas.
Aún en la guerra, donde no existe el estado de derecho, ponerle una etiqueta con un precio a la cabeza de un soldado no es leal ni honorable. Es un mensaje de abandono a las palabras, al diálogo, a la diplomacia. Es un llamado al terrorismo. Es dar vía libre a los mercenarios. Es provocar una respuesta armada que parece inevitable.
Las autoridades iraníes explicaron que la decisión obedece a “un gran número de solicitudes” para participar en el apoyo financiero de esta iniciativa.
Y entonces: ¿Dónde se cobrarán las recompensas?, ¿hay una ventanilla de “Atención a los Mercenarios” para cobrar por cada soldado abatido?, ¿será mediante transferencia bancaria, con la retención de los respectivos impuestos?, ¿cómo piensan atrapar soldados norteamericanos si ni siquiera existen tropas estadounidenses en Irán?, ¿habrá ajuste en el precio de la recompensa o es precio congelado todo el año?, ¿existirá promoción a partir de 2, 5, 10 o más soldados capturados? Al ofrecer el doble a las mujeres, ¿es su forma de promover la paridad salarial y el apoyo con perspectiva de género?, ¿cómo se procederá cuando dos o más personas reclamen al mismo soldado capturado?
Estas preguntas tal vez se las hagan los soldados del ejército estadounidense, quienes deben estar entre sorprendidos, indignados y divertidos desde sus aviones, portaaviones, destructores y bases aéreas blindadas.
Solo le están dando motivos absurdos al loco de la Casa Blanca. El mundo será testigo de otra guerra infame donde las víctimas siempre serán los inocentes y los victimarios solo agudizarán el conflicto desde la seguridad de sus búnkeres. Y al hacerlo solo demuestran una cosa: deshumanización y cobardía.
Cotizar la vida o la libertad de un soldado resulta grotesco e inmoral. Pero moralidad es lo que menos tienen aquellos que tasan la barbarie y la vida humana como si se cambiaran de zapatos.
Aquellos que fomentan el terrorismo, y aquellos que se creen dueños del mundo: perversos, cobardes…

