Publicidad engañosa. Marea-vómito

Ricardo Peralta Saucedo

La publicidad conforme a la Ley Federal de Protección al Consumidor tiene dos características, la primera es informativa: donde el público objetivo recibe la existencia y características de un bien, producto o servicio que se quiere vender; y la segunda es persuasiva: donde se impulsa al receptor para que actúe en el sentido que sugiere el mensaje publicitario, normalmente la adquisición de ese bien, producto o servicio.

El nexo de la actividad publicitaria es el otorgamiento del consentimiento contractual, es decir, el receptor define su consumo en virtud del contenido publicitario; el artículo 32 de la referida normatividad prohíbe y sanciona la difusión de publicidad engañosa, que la define como la que refiere características o información de los bienes productos o servicios que, pudiendo o no ser verdadera, inducen al error por la forma inexacta falsa, exagerada, parcial, artificiosa o tendenciosa en que se presenta.

La expresión de la oposición el día de ayer, si estuviera regulada por la Ley Federal de Protección al Consumidor, que no lo está, sería completamente ilícita y sancionada, ya que su incongruencia y viabilidad como producto o servicio carece de un sentido social e histórico para un país que ya sufrió sus embates en el pasado, y una franca violación. No hay mejor ejemplo de lo que significa la publicidad engañosa, desde el punto de vista político. Lo que representa la marea-vómito no tiene la propuesta de un proyecto de nación, quienes la impulsan no tienen entre sí ninguna ideología coincidente, por el contrario, son antagonistas ideológicos que, históricamente para México, han propiciado el beneficio económico personal y de grupos de interés transnacionales, obedecen a una agenda completamente ajena al interés nacional y en contra de las causas más nobles, de las clases más desfavorecidas y de los gremios oprimidos históricamente.

Nuestra libertad de expresión, garantizada constitucionalmente, en todo el catálogo de los derechos humanos, además de los tratados internacionales donde México es parte, establece el principio pro persona donde toda legislación debe privilegiar a los individuos, donde las autoridades tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, por ello pudieron congregarse con acarreados y empleados de los muy pocos territorios donde aún explotan el presupuesto público.

El PRI, el PAN y el PRD utilizan las argucias que suman el prototipo de la publicidad engañosa: mienten, calumnian, difaman, en una suma de la argumentación que, con estrategas en materia de mercadotecnia política (principalmente extranjeros), utilizan como parte de la agenda internacional las condiciones geopolíticas donde los ejes internacionales comienzan una definición global, por un lado, las BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, en el marco de la reunión entre el presidente Vladimir Putin con el presidente chino, Xi Jinping, dan una muestra frente a una debilitada y preocupada Europa y países aliados que no tienen el superávit y Producto Interno Bruto que la población de esta integración económica tiene en su conjunto. La desinformación, la propagación del miedo y de las noticias globales falsas son parte de la estrategia de la derecha internacional.

La publicidad engañosa es el sinónimo de la guerra blanda como consecuencia, vender falsas expectativas ante una oferta inexistente y agotada del neoliberalismo y los principios nefastos del conservadurismo, que no han traído más desigualdad, injusticia, pobreza y olvido del humanismo.

La marea “gosa” (dixitXóchitl) es una mofa ante la imposibilidad de pronunciar con toda fuerza y dicción (léase con pronunciada doble erre) el significado de República, Revolución, Reforma, Rebelión, Regeneración, Responsabilidad y Respuesta como consecuencia de décadas de saqueo, entreguismo y actividad apátrida como única filosofía de lo que hoy significa la oposición en México, hasta su nombre lo indica: “si marea, causa vómito”.

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