EL APOYO PSICOLÓGICO EN LOS SERVIDORES PÚBLICOS

Por Anselmo Apodaca Sánchez

En lo cotidiano del servicio público, en las fiscalías y seguridad pública, existe un fenómeno que por las cargas de trabajo en jornadas y horarios a veces inflexibles, llega a ser en muchos imperceptible y por ende no dimensionable sus efectos, este corresponde al trabajo mecanizado en una determinada área de oficina, no así para los servidores que trabajan en campo, que por sus funciones el fenómeno se enfrenta de diferentes formas y en distintas circunstancias; el esquema de trabajo implementado de la reciente pandemia nos permitió experimentar que cubrir un horario y no moverse de una oficina, en donde incluso se realizan cuando menos dos de los tres los alimentos del día, no está relacionado con la buena productividad.

¡Efectivamente!, estamos hablando del burnout, también llamado síndrome de desgaste profesional o síndrome de estar quemado, que entre sus síntomas más comunes está la incertidumbre e inestabilidad, con un efecto colateral que desemboca en el estrés laboral, que con un reconocimiento de la organización mundial de la salud se establece como una enfermedad, esta denominación y todo lo que implica en la salud pública tiene una repercusión, primeramente, en el servidor público y por consecuencia, en la sociedad que espera un servicio a la altura de sus necesidades y requerimientos.

Los especialistas han hechos estudios con fines diagnósticos y con un objetivo específico para entender el síndrome y como ejemplo (de varios instrumentos existentes) se aplicó “…el instrumento psicométrico Maslach Burnout Inventory del tipo descriptivo-exploratorio, cuantitativo y comparativo en un cierto número de personas, este se utilizó para obtener una visión evaluativa del nivel del estrés laboral en base a tres dimensiones: agotamiento emocional, despersonalización y la realización personal…”

“…Se obtuvo como resultados un nivel medio para el agotamiento emocional y de realización personal y, por otro lado, se marcó un nivel alto en la despersonalización; además, se observó mayor incidencia en hombres que en mujeres. En consecuencia, en este grupo de personas el agotamiento emocional y realización personal se ubicó en un nivel aceptable, pero proclives a desencadenar el síndrome de Burnout y respecto a la despersonalización se determinó como grave, generando peligro del estado de las relaciones interpersonales, las cuales alteran la cohesión de trabajo armónico…”.

Subiendo un poco el grado de dificultad, ahora, pensemos que este síndrome afectará únicamente a los funcionarios que están en perfecto estado de salud o cuando menos en el promedio de lo aceptable, se infiere que una gran mayoría enfrenta este fenómeno en estas condiciones, sin embargo, en forma silenciosa y sin percibirlo hay afectaciones al estado de salud general y pasa demasiado tiempo en manifestarse, por esta razón hay servidores públicos que viven este andar en las instituciones de gobierno ignorándolo o sin recibir atención al respecto, incluso hay un alto porcentaje que hasta después de jubilados enfrentan estas consecuencias.

Ahora bien, hagamos un ejercicio pensando en los funcionarios que tiene diabetes y/o hipertensión o alguna enfermedad del tipo renal o algún trastorno alimenticio, solo por mencionar algunas de las más comunes, pues obviamente los daños colaterales se presentan en menor tiempo y el funcionamiento como institución queda minado con una cadena de circunstancias no esperadas, pero un alto grado de casos pudieron ser previsibles; ese es el punto medular de este artículo, los esquemas preventivos en las instituciones gubernamentales y que hacen por su gente.

Analizando un poco el instrumento psicométrico antes mencionado, nos podemos dar cuenta que tan grave es el asunto al reflexionar sobre algunas preguntas y que tipo de respuestas tienen como opción y calificación para evaluar:

• 0 = Nunca
• 1 = Pocas veces al año o menos
• 2 = Una vez al mes o menos
• 3 = Unas pocas veces al mes o menos
• 4 = Una vez a la semana
• 5 = Pocas veces a la semana
• 6 = Todos los días

Y preguntas del tipo, (de las que se consideraron cinco de veintidós): Siento que me he hecho más duro con la gente; Me preocupa que este trabajo me esté endureciendo emocionalmente; Siento que realmente no me importa lo que les ocurra a mis pacientes; Me siento como si estuviera al límite de mis posibilidades; Me parece que los pacientes me culpan de alguno de sus problemas. Con la construcción de este cuestionario nos queda claro la magnitud del problema y seguimos sumergidos en la falta de programas preventivos para solventar esto.

Al poner atención en todo lo antes expuesto, el síndrome del burnout, considero, queda descafeinado frente al trastorno de estrés postraumático (TEPT) el cual, según especialistas “…es una afección de salud mental que algunas personas desarrollan tras experimentar o ver algún evento traumático, este y episodio puede poner en peligro la vida, como la guerra, un desastre natural, un accidente automovilístico o una agresión sexual…” para el caso que nos ocupa, daré unos ejemplos: los investigadores de homicidios (llámese perito, policía o ministerio público) y el constante contacto con el estudio de cadáveres o restos humanos en diferentes circunstancias de tipo de muerte y si le sumamos que al momento de intervenir se encuentran familiares presentes, en ese duelo y con sentimientos encontrados, incluso, con actitudes violentas hacia los investigadores; para este tipo de eventos el tratamiento natural adquirido, es asistir a su siguiente guardia en espera de una nueva investigación.

Para el caso de los investigadores de secuestros, son los mismos ingredientes señalados en líneas superiores, solo que en este caso se incrementa el estrés, sobre todo en un operativo para liberar a una víctima en donde los factores sorpresa, como son: un posible enfrentamiento con los secuestradores con una carga importante de adrenalina, que la víctima no pierda la vida o incluso la recuperación económica del rescate pactado genera un alto nivel de estrés; el tratamiento es similar a los de homicidios, solo que aquí no hay descanso, hay que presentarse al siguiente día por que hay (desafortunadamente) mucho trabajo.

“…El trastorno por estrés postraumático (TEPT) es un recuerdo recurrente y molesto de un episodio traumático insoportable; los recuerdos duran más de 1 mes y comienzan dentro de los 6 meses del suceso…” y entre sus secuelas se encuentra: los pensamientos negativos sobre uno mismo, otras personas, o el mundo en general. “…Desesperanza acerca del futuro. Problemas de memoria, incluso no recordar aspectos importantes del suceso traumático. Dificultad en mantener relaciones cercanas…” con estos conceptos mi mente me lleva hacia las funciones de las fuerzas federales al enfrentarse a la delincuencia organizada, en un evento donde pierden la vida personas de ambos grupos, en donde la tensión y miedos es una sensación compartida; el tratamiento a un evento postraumático es otorgarle unos días de franca (descanso) los cual no concuerda con lo señalado por los especialistas para una pronta recuperación y menos sino tiene un acompañamiento psicológico.

En el último ejemplo no puedo dejar afuera a los analistas en casos de pornografía infantil, porque conozco su labor, al estar frente a una computadora durante jornadas de trabajo en su día a día consumiendo gigabytes de ese material tan complejo de analizar sin perder la objetividad y más aun cuando el especialista tiene hijos e hijas, en este caso el tratamiento es ir rotando de un área a otra.

Un grave problema para todos los ejemplos comentados es el perder la capacidad de asombro en un servidor público, “…si se pierde esa capacidad de asombrarse, si hasta la más anómala acción, el más resonante desplante, el disparate lógico más evidente no provocan asombro, no apuran el pulso, no enrojecen el rostro…”, mal encaminado va el servicio público, sin embargo, lo más complejo de esto, es que ante la ausencia de esquemas de apoyo psicológico a el personal de gobierno, es el propio personal sustantivo -en muchos casos- que ha digerido de forma errónea pero en un mecanismo de aprendizaje y adaptación al medio en que vive, esa pérdida de asombro.

Así que el burnout no es lo más grave en el servicio público, sigamos ejercitando los músculos faciales al asombrarnos con una elevación al máximo de las cejas, gran apertura de los ojos y boca abierta.


Dr. Anselmo Apodada Sánchez

Actualmente Consultor Forense
Miembro de la Academia Mexicana de Criminalística
Académico en el Instituto Nacional de Ciencias Penales. (INACIPE) desde 1998.

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